La
marcha nórdica
va haciendo su camino de evolución, donde cada vez se ve más gente
caminando con bastones, y se publican artículos de difusión, muchos de
ellos con generalidades ya conocidas, inexactitudes, e incluso errores
en las fotografías, donde los bastones que lleva la gente no son de
marcha nórdica. Y de practicantes, ya empezamos a tener de todo tipo:
unos interesados en hacer paseos saludables en compañía de amigos, y
otros interesados en poder correr y competir, mejorando sus tiempos o
buscando una buena clasificación en cualquier carrera o caminata popular
o de marcha nórdica.
En todos los casos, y sirva por lo tanto para todo el mundo, la
postura es fundamental en la práctica de la marcha nórdica, ya que es
uno de los pilares del desarrollo técnico de esta actividad física. El
Nordic Walking se basa en tres principios: Una postura correcta, la
técnica correcta de caminar, y el uso correcto de los bastones. El uso
correcto de los bastones es fundamental para los objetivos que
perseguimos con la marcha nórdica, en cuanto a la redistribución de
carga y de trabajo muscular, impulso y alargamiento de la columna
vertebral. La técnica correcta de caminar se ve consolidada con este
trabajo de tonificación muscular con la ayuda de los bastones de marcha
nórdica, a la vez que nos permite movernos de forma más dinámica, con
una amplitud articular y una cadencia en el movimiento, que nos hace
sentir más ágiles. Y la buena postura es la que nos permite optimizar el
patrón de marcha, para desarrollar la técnica correcta de caminar, y
consolidar este trabajo físico con el uso correcto de los bastones de
Nordic Walking.
Con la adopción de los bastones y su uso en la caminata, volvemos a
caminar de nuevo "a cuatro patas", aunque con una técnica y un objetivo
diferente a nuestro orígenes de primates. Nuestros bastones se
convierten en el alargamiento de las extremidades superiores hasta tomar
contacto con el suelo, con el objetivo de darnos impulso en el sentido
de la marcha, mediante un juego de palancas formado por los brazos y las
piernas, que nos debe llevar a desplazarnos con la ley del mínimo
esfuerzo. Para que esto sea así, se deben respetar los tres principios
de la técnica, donde la postura es fundamental. Partir de una mala
postura, nos complicará mucho la progresión, ya que nos distorsionará el
patrón de marcha, afectando a la técnica de caminar, lo que se puede
ver agravado por el trabajo con los bastones, al pasar a andar "de dos, a
cuatro patas".
El primer beneficio, de los muchos que tiene la marcha nórdica, es
postural. La técnica correcta del Nordic Walking respeta el patrón
biomecánicamente correcto de la marcha. Si tenemos que hacer posturas o
coreografías extrañas, ya no estamos haciendo Nordic Walking, o no lo
estamos ejecutando correctamente. Y la reiterada repetición de
movimientos concretos con cierta carga, pueden llegar a provocar
lesiones en determinadas articulaciones -pe: la muñeca-, aparte de
generar sobrecargas musculares. Aplicado a nivel deportivo, de carreras o
de competición, el umbral máximo de velocidad alcanzada debería ser
aquel que nos permitiera desarrollar la técnica sin romper el patrón de
marcha en base a perder la postura correcta. Al no estar permitido
correr -siempre es necesario tener un pié en fase terrestre-, muchos
corredores distorsionan la postura para ganar un poco más de velocidad.
Aparte de que este hecho pueda ser nocivo, al producirse movimientos
extraños, con sus correspondientes compensaciones y riesgo de lesiones,
llegado este punto, se rompe uno de los tres pilares sobre el que se
fundamenta la marcha nórdica. Por el contrario, una postura correcta,
con un core equilibrado, debe permitir una eficiencia basada en la
armonía y la cadencia del movimiento, permitiendo aumentar la frecuencia
del paso. Alcanzar estos principios conlleva una fase de aprendizaje de
la técnica, y una buena progresión en la misma en base a un período de
entrenamiento.
Autor:
Jordi-Pau Caballero, Nordic Walking Coach INWA